Los niños son unos verdaderos maestros de la sencillez y la imaginación.¿Has observado cómo se sumergen en aquello que están haciendo?
Cuando juegues con la realidad,hazlo con la mirada de un niño.

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lunes, 27 de diciembre de 2010

EL DESEO DE UN NIÑO CUALQUIERA.


Querida Mary Poppins:

Me llamo Guillem. Tengo nueve años acabados de hacer y vivo en Sant Quirico de Mar con mis padres y un hermanito que se llama Marc. Hoy que estoy algo triste y me decidí a escribir porque he visto tu película muchas veces y siempre te he admirado. Y claro, he pensado que me gustaría tenerte como tutora en la escuela. Yo ya lo intento. Quiero mucho a mis padres y siempre que puedo les hago caso porque pienso que ellos quieren lo mejor para mí. Pero, de verdad te lo juro: me cuesta mucho ir al colegio. Las clases no me gustan nada y no paro de contar los días que faltan para las próximas vacaciones. Sólo ver a los compañeros y a las compañeras me consuela, y digo ver porque lo que es disfrutarlos sólo lo puedo hacer a la hora del patio, y esto sólo pasa durante media hora cada día, si no nos castigan antes, claro. ¿En la clase? En la clase sólo estamos para aprender y trabajar. Si hablas cuando no toca, te castigan; si ríes porque tienes ganas, te castigan; si te levantas porque el cuerpo te lo pide, te castigan; si no acabas el trabajo o no has hecho los deberes, te castigan... Total, que ya hace mucho decidí que en la escuela no podía ser un niño y estoy aprendiendo poco a poco a ser un santo.Cuando yo era más pequeño recuerdo que la clase no era todavía una prisión de mesas, sillas y trabajos tras los trabajos. Teníamos muchos ratos de juego y el espacio estaba lleno de lugares mágicos repletos de juguetes. La señorita los llamaba rincones. Muchas veces, cuando trabajábamos (porque también trabajábamos, ¿sabes?) nos ponían música. Y cuando acabábamos, podíamos ir a jugar. Muy a menudo, si sobraba tiempo, cantábamos o bailábamos juntos o nos explicaban cuentos y soñábamos con los ojos abiertos… O hacíamos teatro o disfrutábamos con los pequeños y guapos títeres. Entonces yo iba muy contento a la escuela… Pero desde que alguien decidió que mi niño se había muerto y que ya era un pequeño hombre… Si quieres que te diga lo que pienso: ¡la escuela es un rollo! Mis padres dicen que cuando era pequeño demostraba tener una memoria sorprendente. En la escuela aprendía de los primeros. Me gustaba mucho participar en todo lo que hacíamos y me costaba bien poco resolver los trabajos que me ponían. Ahora dicen los profesores que me esfuerzo poco, que soy algo vago y que en los aprendizajes estoy a un nivel medio. ¿Será que al hacerme mayor me voy volviendo burro? ¿O quizás será que, como ya no me interesa lo que enseñan, me lo tomo con más calma? Cuando llega la hora de la salida, mis amigos y yo bajamos las escaleras corriendo y saltando. Gritamos y jugamos a pelearnos y a perseguirnos y a... Y aún, si te ven, ¡vienen y te regañan! ¿Pero qué se han pensado? Más de cinco horas sentados en sillas de madera dura, superincómodas, ¿y pretenden que salgamos andando como angelitos? Pero ellos no, claro, ellos se sientan en sillas acolchadas y pueden moverse, levantarse y gritar siempre que quieran. Pero, ¿qué le pasa a la gente mayor? La ves andando por la calle y la mayoría va arrastrando la cara en la tristeza y en la preocupación. Siempre van deprisa, porque dicen que tienen mucho trabajo, pero cuando se paran a comprar o a hablar con alguien conocido entonces no los incordies, porque tienen todo el tiempo del mundo. ¿Y qué les pasa a algunos profesores y a algunas señoritas? Se pasan el día gritando y castigando, intentando privarnos de todo lo que es divertido, prometiéndonos que si no trabajamos más y más y nos portamos como ellos y ellas quieren, cuando seamos grandes no seremos nadie. ¿Qué quizás se piensan que a los niños nos importa demasiado ser alguien? Porque, en verdad, ¿qué quiere decir ser alguien? ¿Quizás ser como la mayoría de ellos? ¿Personas serias, que siempre se quejan, que no saben qué hacer con su vida y quieren mandar en la tuya? No, ¡gracias!

Querida Mary Poppins: ya me imagino que en el mundo hay millones de niños y niñas que te escriben y te necesitan más que yo, pero me gustaría tanto que pudieras venir, aunque fueran pocos días, a mi escuela, a mi clase. Contigo de tutora, estoy convencido de que la magia nos convertiría, a mis compañeros, mis compañeras y a mí, otra vez en los alumnos y las alumnas niños que queremos ser. Y con tu fantasía el mundo de los cuentos volvería a hacernos soñar, y con tus canciones y bailes nuestros ojos se iluminarían y podrías hacer con nosotros lo que quisieras… Y con tu gusto por el juego y las risas borrarías todos los aburrimientos y recuperaríamos las ganas de ir al colegio y la ilusión por aprender. ¿Vendrás? Esperando que sí, lanzaré mi carta al viento.

Un beso y un abrazo,
Guillem

Visto En la Escuela de la Alegría: http://www.laescueladelaalegria.org/2010/04/escuela-carta-deseo-sueno-nino.html

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